


El método levreriano
Si hemos de utilizar una palabra para caracterizar el método del taller de motivación a la escritura, ésta sería: libertad.
La libertad en la creación nos ayudará a descubrir a nuestro ser interior, de donde partiremos hacia el encuentro del estilo personal. Sin embargo, el proceso de lo interno —aunque nos brinda una gran sensibilidad y por tanto un mayor gozo desde nuestros sentidos—, no sólo no es fácil, sino es en verdad arduo, hasta doloroso, quizá; nos reconoce vulnerables, frágiles, y es por ello que le rehuimos. Queremos evitar la vulnerabilidad a toda costa, por lo que entonces dirigimos nuestros pasos hacia la literatura astuta, exitosa seguramente y superficial inevitablemente.
Pero yo agregaría otra palabra más: respeto. Veamos por qué.
Si echamos un vistazo atrás en lo que a enseñanza se refiere, podemos encontrar que nuestros abuelos, nuestros padres e incluso muchos de nosotros mismos aprendimos a leer, a escribir y a sumar, a punta de reglazos; los maestros nos jalaban las orejas haciéndonos sentirlas grandotas y ardiendo.
Afortunadamente, hoy cada vez son más los chicos que conservan intactas sus orejas. ¿Esto qué quiere decir? Pues que si de aprender se trata, todos aprendemos de un modo u otro. Pero sigue otra pregunta ¿qué es lo que perseguimos al enseñar? No nos podemos quedar en el mero aprendizaje.
Aprender es también vivir y eso lo sabemos todos; yo me pregunto entonces ¿por qué hemos de aprender a golpes? Para golpes, los que nos tiene reservados la vida.
Sólo el que no tiene un espíritu poderoso, persigue crear su poder a través de la violencia, sean policías o profesores.
En los talleres levrerianos no hay competitividad; exacerbar los celos y rencores nos acerca a procesos destructivos. Cada alumno crea sus relatos a partir de su propia personalidad; aquí no hay estilos a seguir, no hay clones, no hay descartes por no coincidir con ¿qué? o ¿quién? El punto central es la sustancia que encierra la creación del alumno, es decir, del escritor en potencia; hasta donde llegue cada uno será solamente cuestión de su voluntad, nada más.
Escribir con el alma es la única forma de rendirle homenaje a la literatura. Despertemos, pues, nuestra alma dormida.
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