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Principios del Taller Literario de Motivación a la
Escritura
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Para desarrollar una forma de expresión literaria no hace falta estudiar
técnicas en otros autores, ya que las llamadas “técnicas" son el producto del
estilo personal de cada autor. Este estudio puede ser un aporte importante
para el crítico o para el profesor de literatura, pero en quien quiere
desarrollar su escritura actúa más bien como un freno. La única "técnica"
necesaria es la que se enseña en la escuela, o sea la que permite leer y
escribir. Desde luego, la lectura de otros autores es importante para nutrir y
enriquecer la propia literatura, pero no es ése el objetivo de este taller.
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En este taller, a cargo de Carmen Simón, se proponen consignas para la
creación de textos, las cuales han sido elaboradas con propósito específico
por el propio Mario Levrero. La evaluación de los ejercicios no es una
evaluación de su calidad literaria, al menos en esta etapa, sino una
estimación acerca de si el ejercicio cumple o no cumple con lo que pide la
consigna. En un principio se trata de aproximarse a la propia imaginación, que
es lo que permitirá acceder al "estilo personal". La idea de Mario Levrero y
de los que seguimos su escuela es que el estilo personal no es algo que se
crea, sino que forma parte de cada ser, y sólo es necesario permitirle que se
exprese. En este proceso, a menudo se pasa por la instancia de "escribir mal",
lo que curiosamente ayuda al encuentro con el estilo personal. Por eso se
excluye deliberadamente la crítica del texto, de modo que se pueda escribir
sin temor y con la mayor libertad, porque la crítica siempre actúa de modo
represivo.
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El que desea desarrollar su escritura es necesariamente un escritor o, en
general, un artista potencial, y sólo necesita, en la medida de que ese
artista potencial se encuentra bloqueado o tiene dificultades para expresarse,
que reciba los estímulos adecuados. Estas consignas pretenden ser esos
estímulos.
Estos principios pueden hacer pensar en un curso demasiado fácil para ser
eficaz. Pero no es fácil, ya que conectarse con la propia imaginación acarrea
otro tipo de dificultades.
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